Cuando en reuniones de profesores, reuniones y charlas académicas, profesionales o políticas o en clase se habla de la brecha digital, algunos plantean que no tiene sentido enseñar pensamiento computacional, programación de computadores, inteligencia artificial o cualquier otro tipo de tecnología. El argumento es que tenemos brechas históricas aún sin resolver, como una lectura profunda y crítica y una capacidad cognitiva de resolver problemas mentalmente, sin usar máquinas.
Hay algo de cierto en eso. Nuestros micro-contextos regionales y nuestra Colombia tienen una desigualdad educativa profunda, con respecto a otros países. Para la muestra el último informe de la OECD y la encuesta de Empresarios por la Educación.
Pero nuestra época es digital, los gobiernos y las empresas más poderosas de planeta trabajan en proyectos complejos, que demandan ciudadanos digitales, profesionales digitales, seres humanos capaces de enfrentar retos difíciles en un ecosistema donde los robots son muy sofisticados, ágiles, mejores que los humanos en muchas tareas y con cierta inteligencia que abruma.
Por eso es fundamental cerrar esa brecha digital en paralelo con las demás brechas. Así lo leí hace algunos días en una entrevista de El País a la antropóloga chilena Ana María Raad:
“La educación requiere de habilidades que son tanto cognitivas, académicas, pero también relacionales y tecnológicas. Y ahí es donde se enmarca mi visión: se trata de no desconocer que hoy tenemos brechas profundas de aprendizajes básicos, pero si no abordamos las que vienen en el futuro, estamos duplicando esa brecha en el corto plazo también”..."Y no se trata, dice, solamente de cambiar la forma de educar como respuesta a un mercado laboral desafiante, sino también para formar ciudadanos que puedan hacer frente a las coyunturas actuales como la crisis climática y los avances tecnológicos que ocurren a pasos agigantados. “Uno educa para que los jóvenes sean activos en la sociedad que les toca vivir, agentes de cambio y constructores de democracias”"
Leyendo estas palabras pensé en una analogía sencilla: consideremos la vida como navegar por el mar a través del planeta, únicamente navegar, manejando las necesidades básicas de un lugar para dormir, alimentación, relaciones sociales, etc. Nuestros estudiantes no saben nadar o saben parcialmente y en caso de requerir nadar podrían morir ahogados. Nuestros estudiantes no conocen los detalles básicos de la vida en el mar ni en un barco. Esa es la brecha educativa histórica. De paso, nuestros estudiantes van en una sencilla lancha con remos, mientras el océano está lleno de buques y submarinos gigantes. Esa es la brecha digital.
Como profesores y como Universidad tenemos una gran responsabilidad y debemos asumirla. La pandemia de hace seis (6) años nos ayudó, a la fuerza, con el diagnóstico y nos mostró los múltiples caminos a seguir. Es triste, vergonzoso y peligroso que sigamos anclados en el pasado.
La entrevista cierra con estas palabras:
“La inteligencia artificial utilizada para un modelo obsoleto tampoco va a mejorar la educación. Es decir, si tú sigues pidiendo resúmenes de la historia de Chile, la IA lo va a hacer mediocremente porque no tiene todo verificado y, además, no vas a generar mejor aprendizaje”.“...Hay que tomar la batuta y no seguir reactivos, como lo hicimos con otras tecnologías como las redes sociales o los mismos teléfonos celulares”“Si uno es más crítico, si uno de verdad cree y conoce que los niños pueden más y tienen capacidades para más, no nos deberíamos quedar tranquilos”.
ConTICtualizando, es urgente una reforma curricular, que implica una reforma del rol del profesor, con una actualización para cerrar su propia brecha digital, de manera que los profesores lideren en sus aulas de clase el cierre de las brechas históricas, usando correctamente las diversas herramientas tecnológicas.

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